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¿Qué explica el calor excepcional que estamos viviendo en Gipuzkoa durante este verano?
La persistencia de altas presiones y bloqueo atmosférico, que favorecen la llegada recurrente de aire cálido del norte de África desde el sur han sido los principales mecanismos meteorológicos detrás de las temperaturas extremas registradas este verano en Gipuzkoa. A ellos se han sumado factores como la escasa humedad del suelo, un mar Cantábrico excepcionalmente cálido y el calentamiento global.
El verano de 2026 está dejando temperaturas excepcionalmente elevadas en Gipuzkoa y en el conjunto de Europa occidental. Lejos de responder a una única causa, los episodios de calor registrados durante junio y julio son el resultado de la combinación de distintos procesos atmosféricos, oceánicos y terrestres.
Uno de los principales factores ha sido la persistencia de dorsales anticiclónicas y situaciones de bloqueo atmosférico sobre Europa occidental. Estas configuraciones dificultan la llegada de frentes atlánticos, favorecen los cielos despejados y permiten la acumulación de calor durante varios días consecutivos.
Esta situación ha facilitado además la entrada repetida de masas de aire muy cálidas procedentes del norte de África y de la Península Ibérica. Entre el 21 y el 27 de junio se produjo, de hecho, el episodio cálido más largo registrado en Euskadi durante un mes de junio. El 21 de junio Lasarte alcanzó los 41,1 °C. En julio volvieron a superarse los 40 °C en distintos puntos de la vertiente cantábrica, con 40,5 °C en Arrasate el 6 de julio y 39,9 °C en Alegia el 28 de julio.
El papel del viento sur
En Gipuzkoa cobra especial importancia el viento de componente sur y el efecto Foehn. Cuando el aire atraviesa las montañas y desciende hacia la vertiente cantábrica, se calienta y se seca por compresión. Este mecanismo puede provocar que las temperaturas aumenten con gran rapidez y que masas de aire tropical alcancen incluso las zonas próximas a la costa. Esta fue precisamente la causa del episodio extremo registrado a finales de mayo y junio.
Un suelo más seco y un mar Cantábrico excepcionalmente cálido
El déficit de precipitaciones desde la primavera y su intensificación en verano también han podido acrecentar el calor, especialmente durante julio, que ha sido el mes de julio más seco registrado en Gipuzkoa en lo que llevamos de siglo, llegando a presentar condiciones extremadamente secas en algunas zonas orientales del territorio. Cuando disminuye la humedad del suelo, una menor parte de la energía solar se utiliza para evaporar agua y una mayor proporción se destina directamente a calentar el suelo y el aire, reforzando las altas temperaturas.
A este fenómeno se añade otro elemento especialmente significativo este verano: las temperaturas excepcionalmente elevadas del océano Atlántico y del golfo de Vizcaya que han provocado olas de calor marinas intensas en amplias zonas del golfo de Vizcaya. Esta condición, en Gipuzkoa, ha podido traducirse en temperaturas mínimas nocturnas más elevadas, reducir la capacidad de refrigeración de las brisas marinas y aumentar la humedad ambiental, empeorando la sensación de bochorno.
El cambio climático como factor de fondo
El cambio climático no es la causa directa de una dorsal anticiclónica o de un episodio concreto de viento sur. Sin embargo, estas situaciones meteorológicas se producen actualmente sobre una atmósfera y unos océanos más cálidos que hace varias décadas. En este sentido, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) concluye con alta confianza que el aumento observado de la intensidad y frecuencia de los extremos cálidos en Europa tiene una contribución humana. Junio y julio de 2026 constituyeron conjuntamente el periodo junio-julio más cálido registrado en Europa occidental, con una anomalía de +2,79 °C respecto al periodo de referencia 1991-2020, casi 0,9 °C por encima del anterior récord de 2022.
Las evidencias científicas disponibles hasta el momento indican que el calentamiento antropogénico probablemente ha contribuido a intensificar los episodios de calor observados. A este contexto se suma en 2026 el desarrollo de El Niño, que podría estar favoreciendo unas temperaturas oceánicas globales más elevadas. No obstante, su influencia debe interpretarse con cautela, ya que todavía no existe evidencia suficientemente sólida para considerarlo una causa directa del calor registrado en Gipuzkoa.