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Las olas de calor marinas: cada vez más frecuentes e intensas en el litoral donostiarra
Julio de 2026 ha sido el mes con la temperatura del agua de mar más alta de toda la serie histórica en el Golfo de Vizcaya. En Donostia, los registros del Aquarium también han alcanzado valores récord, con temperaturas de hasta 25,8 °C y anomalías superiores a 2 °C respecto al periodo de referencia 1991-2020. También se han superado los máximos diarios registrados para esos meses: el agua alcanzó los 25,3 °C el 24 de junio y los 25,8 °C los días 12 y 16 de julio.
Las elevadas temperaturas registradas durante buena parte del verano han favorecido el desarrollo de una importante ola de calor marina en el Cantábrico. Al igual que en las olas de calor terrestre, estos son episodios se producen cuando la temperatura superficial del mar permanece varios días o semanas por encima de valores habituales para esa época del año. Se trata de uno de los fenómenos extremos asociados al cambio climático con mayor impacto en los ecosistemas marinos y las comunidades costeras.
En el Golfo de Vizcaya y en el litoral donostiarra estos episodios son cada vez más frecuentes, más largos y más intensos, especialmente desde 2010. En cada uno de los años entre 2023 y 2025, en más de 140 días se han registrado condiciones de ola de calor. A falta del análisis de los datos del año 2026, el año 2023 fue excepcional en el Aquarium de Donostia, registrándose hasta 10 olas de calor. El episodio más intenso, en cambio, se registró entre junio y julio de 2025, cuando se alcanzó una intensidad máxima de 4,03 °C por encima del umbral climatológico.
En un contexto de calentamiento global, los modelos muestran que seguirá aumentando la frecuencia, intensidad, duración y extensión de los extremos de temperatura del agua de mar, especialmente bajo escenarios de mayor calentamiento global.
Un verano extraordinariamente cálido también en el conjunto de Gipuzkoa
Las elevadas temperaturas del mar coinciden con un verano extraordinariamente cálido tanto en Donostia como en el conjunto del territorio, el más cálido desde, al menos, 1971. La estación ha estado marcada por la persistencia y duración de las altas temperaturas, con una sucesión de episodios prolongados de calor que comenzaron ya a finales de la primavera. A ello se sumó un importante déficit de precipitaciones, que dio continuidad a las condiciones secas observadas durante la primavera.
El principal mecanismo meteorológico que explica estos episodios de temperaturas extremas ha sido la persistencia de dorsales anticiclónicas y situaciones de bloqueo atmosférico. Estas configuraciones favorecieron la llegada recurrente de aire cálido subtropical y norteafricano y prolongados periodos de estabilidad atmosférica. Junto con una menor llegada de frentes atlánticos, contribuyeron también a la escasez de precipitaciones observada.
A estas condiciones se sumaron otros factores que pudieron amplificar las altas temperaturas. Entre ellos destacan la escasez de precipitaciones acumuladas desde la primavera, que favoreció una reducción progresiva de la humedad del suelo, y las temperaturas excepcionalmente elevadas de las aguas superficiales del Golfo de Vizcaya.